La Voz de Motul

Editorial

UNA CRÓNICA DE INFORTUNIOS URBANOS.

JORGE F. RIVASCANTILLO.

Es el mes de julio de 1978 y una fuerte lluvia cae sobre la ciudad refrescando aquel caluroso día de verano, el tránsito en el centro histórico, como ocurre cada vez que llueve en Mérida, fluye lento. Vehículos automotores y peatones avanzan unos con lentitud formando largas colas y otros con prisa para huir de la lluvia, refugiándose en cualquier lugar que les ofrezca abrigo.

La calle 59 es una de las congestionadas, los vehículos se encuentran detenidos en larga fila que abarca de la calle 60 a la 58 y más allá rumbo a la Mejorada, los conductores resignados ante la imposibilidad de avanzar esperan con paciencia. El profesor Pedro se encontraba entre estos, gozaba de su período vacacional y no tenia gran prisa. “minutos más minutos menos no tiene importancia (pensaba entre sí), lo importante es llegar al destino”. De pronto un estruendo lo sacó de sus pensamientos…nunca se imaginó que el destino esa mañana lluviosa, sería el que llegaría a él…
EL ELEFANTE BLANCO

Veinticuatro años atrás, a mediados de los años 50, en la esquina de la calles 59 con 58 se inició la construcción
de un edificio que según sus propietarios, una compañía de seguros, sería un rascacielos con un centro comercial y un hotel. Sin embargo en los principios de los años 60, la construcción que ya alcanzaba los diez pisos se detuvo sin que nadie explicara el motivo. La construcción inconclusa pasó de ser un proyecto que sería referente de Mérida, que carecía de edificios con la altura proyectada para esta, a una mole de concreto y vigas que contaminaban el paisaje urbano del Centro Histórico. Lo peor es que estaba en el total abandono y sólo se utilizaba la planta baja como estacionamiento. Un espacio sin piso y carente de servicios. Muchas fueron las ocasiones en que mi carro ocupó un lugar en ese sitio, cuando acudíamos al Teatro Peón Contreras o a los cines aledaños, Cantarell y Apolo en la calle 60 y Colonial en la calle 62.
Con el paso de los años, el deterioro se hizo evidente en el inmueble que no se utilizaba más que con el fin que mencionamos antes, y todos los demás pisos no tenían ningún uso, por lo que los meridanos lo bautizaron como el “elefante blanco”.

En 1967 las autoridades municipales decidieron que era prudente demoler algunos pisos superiores. Pasaron varios años más sin aparente interés para dar una solución a esta inservible construcción deteriorada por el paso de los años.
Once años después de la demolición de algunos pisos superiores, el destino alcanzó a Pedro y frustró todos sus planes y proyectos…el desplome de una cornisa del “elefante blanco” le quitó la vida. Los pesados escombros de concreto cayeron sobre su vehículo ese 25 de julio de 1978. Varios peatones resultaron lesionados en una tragedia que conmocionó a toda la ciudad.

En 1980 fue expropiado y adquirido por el gobierno del Estado quien lo destinó para un edificio que albergara el Congreso del Estado. “Muerto el niño, se tapó el pozo”. Actualmente es la sede del Palacio de la Música, al que algunos ciudadanos llaman ya…el nuevo elefante blanco.

ATRAPADOS

Treinta seis años después el verano y la lluvia son protagonistas de nuevo. Minutos antes de las ocho de la mañana del 10 de julio de 2014, los quince empleados de un negocio de carne ubicado en la calle 54 entre 65 y 67 del Centro Histórico de Mérida, alertados por un fuerte sonido ven con sorpresa, como el techo del edificio se derrumbaba sobre ellos acompañado de una espesa nube blanca y escombros que golpean fuertemente al suelo y a los aterrorizados trabajadores. En estas circunstancias no hay mucho que hacer, como pueden levantan los brazos instintivamente para proteger la cabeza, los segundos que dura el percance parecían interminables. Todo queda sumido en la obscuridad, se escuchan gritos preguntando que pasó y pidiendo ayuda sin obtener respuesta. Mientras tanto en la calle atraídos por el estruendo se acercan decenas de peatones.

La estación de camiones que vienen de las poblaciones del interior del estado está cercana y hay mucha gente en los alrededores. Una mestiza es ayudada por varias personas, ella se encontraba en las puertas del edificio en el momento del derrumbe, y aunque resultó con lesiones menores, no así los productos que vende, vegetales y frutas que trajo de su pueblo para ayudar a la pobre economía familiar. Afortunadamente hay mas susto que heridos en el exterior del edificio.
“Hay gente adentro”, exclama a viva voz una mujer de avanzada edad y con una mantilla en la cabeza. Es su paso diario al regresar a casa después participar en los servicios de eucarísticos de las siete de la mañana en la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe de San Cristóbal.

La preocupación aumenta por las personas en el interior de las que no se sabe nada. Se avisó a los servicios de emergencia y se escucha el sonido de las sirenas de vehículos que se aproximan. Los bomberos son los primeros en llegar por la calle 67. Acuden con rapidez al llamado, la estación No. 1 se encuentra cercana en la calle 73-A.
Con prestancia y eficacia inician la labor de rescate mientras varias ambulancias llegan al lugar. Retiran con cuidado los escombros y se van abriendo paso entre los restos, una vez que han ubicado a las personas atrapadas. Poco a poco su esfuerzo es recompensado, ocho personas han sido sacadas de entre los escombros y son llevadas de inmediato a hospitales por las ambulancias. Poco después son rescatados con vida los demás. La multitud estalla en aplausos y vivas para el Heroico Cuerpo.

UNO TRAS OTRO

Doce días después, el día 22 de julio, por el mismo rumbo en la calle 65 por 34, en un edificio cercano a la iglesia de Lourdes, se desploman partes del techo y la marquesina. No hay lesionados, no está habitado desde hace veinte años y no había transeúntes en el momento del derrumbe. Pocos días transcurren cuando en la avenida Cupules a la altura de San Fernando, en el costado norte del hotel Fiesta Americana en un antiguo y abandonado predio presa de un incendio años atrás, se produce un derrumbe causando daños a automóviles estacionados ahí. No hay lesionados.
En un verano para no olvidar se produce un cuarto derrumbe en menos de un mes, en un antiguo predio ubicado en la calle 69-A entre 62 y 64 en el barrio de San Juan donde se realizan trabajos de restauración en el momento del accidente. Un albañil resulta lesionado.

Hoy, los veranos siguen peligrosos para quienes circulen cerca de muchas casonas del Centro Histórico de Mérida por posibles derrumbes. Son dos los factores, la temporada de lluvias y la avanzada edad de los predios que se encuentran sin mantenimiento ni reparaciones. Es conveniente observar de vez en cuando, los edificios ante los que pasamos…sobre todo en verano.

jorge F Rivascantillo
Mayo 3 de 2019
Mérida, Yucatán.

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